La Lupa

Perú. La quinoa en un momento de crisis climática

 

Por José Ramón Aliaga. Ingeniero Agrónomo. Miembro del departamento de cooperación al desarrollo de la Fundación Mainel.

Desde las zonas agrícolas de la extensa cadena montañosa de los Andes, llegó hace algunos años, de manera impactante la noticia de que existía la quinoa como un completo alimento, principalmente, a partir de la declaración Internacional de este cultivo el año 2013. La declaración sirvió para dar a conocer de forma masiva las propiedades de esta semilla, con gran calidad organolétptica y elevado porcentaje de componentes nutritivos. Así como también para prestar mayor atención por los problemas de sus formas de cultivo y producción, siendo la zona andina donde se cultivan con mayor calidad.

No en vano, en los alrededores del lago Titicaca, tanto en Perú como en Bolivia, se conocía la quinoa incluso desde 5.000 años antes de nuestra era. Lo mismo ocurría con las habas adaptadas a las elevadas cumbres y otros muchos vegetales de utilidad diversa. Los restos de estos alimentos andinos en lugares de riqueza arqueológica indican que en países como Chile ya se conocían las plantas y sus semillas desde tiempo prehistórico. Esto hace suponer un trasvase de material vegetal, coincidiendo con el auge del imperio Inca, hacia amplias comarcas de las naciones actuales de Sudamérica.

Con la llegada de la civilización posdescubrimiento de América se inicia un primer contacto con alguno de estos cultivos andinos, aunque el desconocimiento de sus cualidades los sitúa en un papel secundario. Además, los intentos por cultivarlos en otros sitios terminaban en estrepitosos fracasos dada la dificultad de propagación. Es por ello que hasta hace bien poco la quinoa era prácticamente desconocida en las cocinas europeas.

No obstante, a pesar de ser un buen momento de consumo, los productores se están encontrando con serios problemas en su cultivo, debido a los fenómenos producidos a causa del cambio climático.

EL AGUA VERSUS EL ESTRÉS HÍDRICO

Como es conocido, la raíces de los vegetales constituyen el órgano por donde las plantas toman el agua necesaria para el crecimiento y desarrollo. El agua se encuentra en el suelo junto a otros otros componentes, como distintos elementos minerales que contribuyen a que el desarrollo del vegetal disponga de todos los componentes necesarios para alcanzar la madurez final y, por tanto, producir aquello que cada especie elabora en su crecimiento, como son las semillas o las frutas y frutos.

Cuando las raíces de la planta disponen de poca cantidad de agua y no llegan a la necesaria para crecer y desarrollarse se dice que atraviesan una situación de estrés, que implica el tener una reducción de los intercambios con el exterior y la adopción de medidas para facilitar el ahorro hídrico, especialmente en la zona mas expuesta, las hojas. Y llega un momento donde la previsible floración se reduce y, por tanto, lo hace también la cantidad de la futura productividad de cada planta.

Se podría decir que con la cantidad optima necesaria de agua se logra alcanzar una producción máxima, y cuando escasea, lógicamente, la producción queda reducida o puede llegar a anularse.

Por ello, es conveniente aportar agua en forma de riego cuando la lluvia no es suficiente. A lo largo de la historia, se han ido perfeccionando sistemas que permiten aportes de agua almacenada en la época de lluvias para suministrarla en épocas de carestía: sistemas por goteo, aspersión, riego por inundación…

Los principales asentamientos de la civilización Inca eran conocedores de estas técnicas, lo que constituye hoy día un motivo de admiración. Gracias a la antropología y arqueología, se han podido encontrar en las antiguas civilizaciones andinas estanques, canales y redes hidráulicas.

Además, restos arqueológicos de estas épocas, también han demostrado cómo los nativos experimentaban con las plantas de quinoa. Con simples terrazas circulares, al modo de nuestras parcelas escalonadas, probaban las variedades que mostraban mejor adaptabilidad en cada latitud de terreno y extraían consecuencias para las nuevas zonas a colonizar. Con este sencillo esquema relacionaban niveles de insolación, de lluvia y de respuesta genética para cada genotipo vegetal.

Cabe destacar, que de igual modo estudiaban la presencia de plagas y enfermedades, así como el modo de atacarlas de una forma totalmente natural y respetando el medioambiente, que constituía su hábitat vital. Estas poblaciones se responsabilizaban de aplicar únicamente técnicas acordes a la tradición de sus antepasados, que consideraban la tierra como un legado a respetar.

Y así hasta nuestros días, donde se sigue manteniendo la tradición, aunque de forma más difícil al darse unos fenómenos meteorológicos nuevos, que de manera severa distorsionan las formas de cultivo según el modo de proceder en la cultura inca.

EFECTOS DEL CAMBIO CLIMÁTICO EN LAS ZONAS ANDINAS

Las  comarcas concretas de la zona andina están siendo unas de las más perjudicados por el llamado cambio climático. Es llamativo que una alteración causada en otras partes del planeta repercuta en tan gran manera en el medio de subsistencia de quienes no han contribuido a esta modificación adversa.

El periodo de lluvias que daba lugar a la estación de cultivo de quinoa ha quedado reducido como consecuencia del cambio climático, lo que obliga a realizar la siembra con retraso y a recolectar la planta sin que haya terminado de completar el relleno de granos, con la consiguiente pérdida de calidad, lo que repercute directamente en la baja producción, la reducción de ingresos y en la alimentación y subsistencia de la ya de por sí empobrecida población nativa.

Cabría pensar, ante estas penosas circunstancias, en construir nuevas instalaciones para la distribución de agua de riego, como se ha hablado anteriormente, pero la complejidad orográfica junto a la problemática altitud constituyen un obstáculo importante que se añade a los escasos medios disponibles por los pequeños agricultores en situación de pobreza.

 

MANOS A LA OBRA

En la Fundación Mainel llevamos varios años trabajando junto a agricultores de la zona de Cuzco en el cultivo de la quinoa, con el apoyo de la Obra Social La Caixa. Esta experiencia, nos ha hecho conocedores de las dificultades expresadas en los párrafos anteriores. Por ello, nuestro equipo De cooperación internacional se ha puesto en marcha para aportar, en la medida de nuestras posibilidades, colaboración en la búsqueda de soluciones que mitiguen la crisis climática en esta zona, para mejorar la calidad de vida de los agricultores y evitar la emigración de gente a causa del problema, sus consecuencias y repercusiones.

Para ello, estamos trabajando junto a una ONG peruana, APRODES, y con Universidades como La UPV (Universitat Politècnica de València) o la Molina en Perú. También con administraciones peruanas e Institutos agrarios, como Valle Grande, y empresas de semillas.

En concreto, se prevé mejorar la producción de 5 cultivos (quinoa, kiwicha, tarwi, habas y maíz) con la utilización de medios correctores y paliativos de los efectos adversos del cambio climático. Entre ellos, destaca la utilización de la conocida como “lluvia sólida” (acrilato de potasio) que, enterrada en el suelo, es capaz de mantener la hidratación de la tierra aunque escaseen las lluvias.

Además, se pretende introducir nuevos cultivos (pistachero y alcaparra), lo que facilitará el aumento de masa vegetal y la adaptación a situaciones de estrés hídrico, con el objetivo de promocionar económica, social, ambiental y comercialmente a la población local, que tiene el medio rural como medio de vida. También se capacitará a los y las agricultoras y sus familias en técnicas para incrementar su producción de forma sostenible y se les ayudará a buscar vías de comercialización y se fortalecerá la organización de los productores en cooperativas.

 

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