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Perspectivas regionales de la OCDE 2016: Regiones productivas para sociedades incluyentes

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Las regiones son importantes para construir economías productivas y sociedades incluyentes. La tercera edición de las Perspectivas regionales de la OCDE indica que, si bien durante las últimas dos décadas han disminuido las brechas entre los PIB per cápita de los países miembros de la OCDE, dentro de sus fronteras los países experimentan crecientes brechas de ingresos entre las regiones, las ciudades y las personas. Las regiones y ciudades que van adelante, ahora compiten más con sus equivalentes mundiales que con las demás del mismo país. Siempre habrá brechas interregionales, pero las regiones rezagadas tienen oportunidades de “ponerse al día” en desarrollo social y económico. Si los países contribuyen a poner en marcha los mecanismos de actualización, pueden cosechar el doble beneficio de una mayor productividad agregada y la inclusión.

Aunque la mayoría de los residentes de los países de la OCDE viven en zonas urbanas, las regiones rurales tanto próximas como apartadas de las ciudades pueden contribuir y de hecho contribuyen de muchas maneras a la prosperidad nacional. Las Perspectivas regionales se centran especialmente en estas regiones de poca densidad y destacan la necesidad de que los países repiensen el desarrollo rural para aprovechar mejor el potencial de crecimiento de la productividad de todas las regiones rurales.

Las ciudades, las regiones y las políticas nacionales basadas en lugares también tienen una importante función que cumplir en el logro de los ambiciosos compromisos contraídos en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), el Tratado de París de la conferencia COP21 y la Conferencia Hábitat III, entre otras. La mayor participación de las regiones y las ciudades aumenta la fuerza de las voces de sus residentes en estas y otras agendas mundiales. La localización y medición de los objetivos aumentará la conciencia, generará soluciones adaptadas a los lugares y garantizará que ninguna región o ciudad se quede atrás.

Hallazgos clave

  • La brecha de productividad media entre las regiones se ha ensanchado en las últimas dos décadas, conforme las regiones más avanzadas dejan atrás a las demás en su país. La brecha de PIB medio por trabajador entre el 10% de las regiones más avanzadas (punteras) y el 75% de las más rezagadas en los países miembros de la OCDE ha crecido casi en 60%, de 15 200 a 24 000 dólares estadounidenses. En consecuencia, una de cada cuatro personas en el ámbito de la OCDE vive en una región que se ha quedado atrás con respecto a las regiones muy productivas de su país.
  • La limitada actualización de las regiones rezagadas se debe en parte a los modelos mixtos de los países, lo cual indica que las regiones muy productivas pueden estimular, mas no siempre lo hacen, la puesta al día de la economía en conjunto. Alrededor de tres cuartas partes de las regiones muy productivas son urbanas, mientras que las zonas urbanas representan tan solo la cuarta parte de las regiones rezagadas. Suponiendo que se mantengan las actuales las tasas de crecimiento, las regiones rezagadas y las muy productivas no alcanzarán grados iguales de productividad antes de 2050. En el caso de las regiones que se están poniendo al día, para cerrar la brecha en ese periodo tendrían que aumentar su tasa de crecimiento de productividad a 2.8%, cuatro veces su tasa actual.
  • De las regiones rurales, las cercanas a las ciudades se han mostrado más dinámicas y capaces de recuperación desde la reciente crisis que las más remotas. Las regiones rurales próximas a las ciudades albergan a más de 80% de la población rural, y sus índices de ingreso y crecimiento de productividad tienden a parecerse más a los de las regiones urbanas. Antes de la crisis (2007‑2008), más de dos tercios de las regiones rurales registraban crecimiento tanto de la productividad como del empleo. Desde la crisis (2008‑2012), las regiones rurales remotas no han podido repuntar en cuanto a empleo y productividad.
  • Los sectores comerciales parecen ser importantes impulsores de productividad para la recuperación en las regiones tanto urbanas como rurales, pese a sus diferentes dinámicas de crecimiento. Una mayor proporción de la economía de las regiones rezagadas correspondió a los sectores comerciales (en particular los de servicios, manufacturas o extracción de recursos y servicios públicos) y ha aumentado con el tiempo hasta constituir casi 50% de su producción, en comparación con solo un tercio en las regiones que más avanzan.
  • Las buenas prácticas de gobierno también son importantes para el mejoramiento de la productividad. Las regiones muy productivas obtuvieron mayores puntuaciones en una encuesta sobre la calidad del gobierno, realizada en toda Europa, y la calidad mejoró en las regiones que estaban poniéndose al día. La buena planificación de los gobiernos para administrar las inversiones públicas puede reducir los malos efectos de la fragmentación de las jurisdicciones locales sobre la productividad y la inclusión, especialmente en las áreas metropolitanas.
  • Las brechas interregionales se ensanchan si se consideran los indicadores multidimensionales de la calidad de vida y no solo el ingreso. Un indicador que combina el ingreso, la salud y el empleo revela que algunas regiones quizá sufran de múltiples brechas de bienestar. En las ciudades, que reúnen empleos para trabajadores muy calificados y poco calificados (“banqueros y camareros”), por lo común las desigualdades del ingreso son mayores que si se miden a nivel nacional. Son importantes las políticas complementarias para asegurar que el crecimiento de la productividad beneficia a los distintos grupos sociales y lugares, incluidos los de las propias ciudades.

Recomendaciones clave

No hay una prescripción sencilla de políticas públicas para resolver estos retos regionales de productividad e inversión, pero varios ámbitos de la acción pública pueden ayudar a promover la productividad, la inclusión o ambas:

  • Las reformas estructurales como las de los mercados laboral y de productos tienen que complementarse con otras políticas específicas del lugar de que se trate para cosechar todos los beneficios posibles. Las reformas estructurales pueden tener repercusiones distintas según la región de que se trate. Endurecer las restricciones del mercado laboral, medidas con indicadores de protección del empleo, castigan más a las regiones rurales con menores mercados laborales que a las ciudades. La mejora de las opciones de transporte aumenta el tamaño efectivo de un mercado laboral local, lo que puede complementar determinada reforma del mismo mercado para incrementar los efectos de la mejora.
  • Las políticas de desarrollo regional deben centrarse en los impulsores de la productividad y en el crecimiento en todas las regiones mediante inversiones estratégicas, no solo subsidios. Sin embargo, como proporción del gasto gubernamental, la inversión pública ha caído en las dos últimas décadas de 9.5% a 7.7%. Se debe dar más prioridad al fomento de la capacidad de los gobiernos subnacionales, responsables de 59% de esa inversión. Las inversiones que facilitan la difusión de la innovación y las buenas prácticas en los distintos sectores y empresas dentro y fuera de una región son una oportunidad de aumentar la productividad. Aunque en muchos países las políticas buscan reducir las brechas entre regiones, no deben desalentar el crecimiento en las regiones más productivas.
  • Las políticas de desarrollo urbano deben considerar la manera de conectar las ciudades en un “sistema interurbano” dentro de cada país. Varios países han dado a conocer recientes o próximas reformas a las políticas urbanísticas nacionales. Aunque estas políticas suelen centrarse en reducir los costos sociales y ambientales de las ciudades, también pueden considerar la función económica de estas, sus vínculos locales e interregionales en un sistema nacional, y su capacidad para generar innovaciones que deben beneficiar a la economía del país.
  • Las políticas de desarrollo rural tienen que actualizarse adoptando la “Política Rural 3.0”. Se han logrado avances para que las políticas de desarrollo rural superen las ayudas económicas para la actividad agrícola y también reconozcan la diversidad de las regiones rurales y la importancia de la conectividad con áreas dinámicas. La Política Rural 3.0 centra la atención en promover las ventajas competitivas de las comunidades mediante inversiones equilibradas y servicios locales adecuados, y estimulando la participación local y el desarrollo de abajo hacia arriba.
  • En políticas locales las decisiones gubernamentales para aplicarlas (el “cómo”) son decisivas. En muchos países se emprenden reformas de los gobiernos subnacionales a fin de llevar la política a la escala pertinente o de lograr economías de escala para las inversiones y la prestación de servicios. Los países siguen experimentando con mejores maneras de gestionar la política de desarrollo regional y las inversiones públicas a todos los niveles de gobierno a fin de unificar la acción pública en los distintos campos de políticas públicas y así aprovechar al máximo las complementariedades y alcanzar acuerdos.

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